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Un sabor
que conquistó
el mundo.
José Ángel y Vargas, el querido Tío Pepe, puso su saber hacer y su amor por el fino al servicio de algo excepcional. Un vino pálido, seco y vibrante que pronto comenzó a conquistar los paladares más exigentes. En 1844, Tío Pepe ya estaba presente más allá de nuestras fronteras, consolidándose como el embajador universal del estilo de vida español.